Como seres humanos para alcanzar nuestro verdadero yo, ese ser profundo de consciencia que brilla como la luna, se requiere una disposición y dedicación, como un aprendizaje que nos une con el mismo secreto del deseo.
Si realmente es el poder de nuestros deseos personales lo que nos mantiene ligados a la tierra, entonces es ese mismo poder, que al balancearse nos libera para poder aprovechar esta maravillosa experiencia de vida y lanzarnos a nadar con una consciencia superior.
Así mismo como un cohete que se dirige hacia el espacio, necesitamos un empuje con un gran impulso, para poder lograr aprovechar su poder y alcanzar las alturas de lo que verdaderamente podemos alcanzar como seres humanos.
De lo contrario seguiremos viviendo en un pasado, o en un futuro, con recuerdos y ansiedades que hemos aprendido en nuestra vida, y experimentando las mismas experiencias, porque muy fácilmente nos dejamos consumir por el mundo y no logramos verlo con claridad.
Ahora reflexionemos, cuando realmente logremos ver al mundo, por su majestuosa naturaleza que es el camino de la verdad, con amor dejaremos de verlo por lo que esperamos y tememos, porque su grandiosa manifestación es una expresión del camino de Dios, el universo infinito como el Tao, que es la realidad y esencia íntima en cada ser humano, y que en los ojos de su divinidad no existe el bien ni el mal, simplemente es parte del baile de la naturaleza y todo lo que florece de ella misma vive también de acuerdo a su creación.
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