El anhelo de querer realizar las cosas a nuestra manera, nos inclina a crear más obstáculos e inconvenientes de los que realmente podemos resolver.  

Cuando nuestros pensamientos y deseos del ego personal son alejados, podemos llegar apreciar cómo éramos en el primer estado de nuestra vida y como estaremos en el final de nuestro camino de vida, allí es donde llegaremos a conectar con el yo superior en su profundidad y quietud divina que somos todos.  

Como seres humanos en nuestra vida cotidiana, y por el ruido y distracciones, nos alejamos cada día más de poder reconocer el regalo más bello que es encontrarnos en ese fondo y centro poderoso, que nos llevará a una infinita quietud y silencio en unión con nuestro creador.  

Reflexionemos, si continuamos viviendo ignorando este llamado, no aprovecharemos al máximo sus posibilidades.  Algunos pueden tener sus momentos de verlo y sentirlo, pero se les escapa en el camino porque simplemente es un vacío, de un absoluto nada, donde no están presentes ni siquiera las cosas mentales, como los pensamientos, simplemente es un estado de armonía y tranquilidad maravillosa. 

Dios el universo infinito como el Tao quiere que lleguemos a sentir este milagroso estado en el que la mente se reconoce a sí misma por lo que es, alcanzando detener todas las actividades en nuestra mente, excepto la de nuestra consciencia, 

porque es aquí que verdaderamente estamos experimentado el corazón de nuestra experiencia, con los brazos de nuestro majestuoso creador abrazándonos en las profundidades del mismo silencio, captando el misterioso, inexplicable, invisible y superior poder que permanece para siempre sin nombre.