“La virtud, complemento armonioso con el universo”

La vida, Dios, el universo infinito como el Tao nos dan la bendición de luz eterna, nutriendo cada rincón de su misma creación sin dominarla. Como humanidad, vivimos en una sociedad adicta a lo que llamamos identidad. Nos esforzamos por exponer nuestros gustos y adquirir todo lo que esté al alcance de nosotros para mostrarle al mundo quienes somos.

La naturaleza por medio de sus maravillosas obras y sin demostrar sus logros con vanidad nos enseña a reconocer que la misma energía divina es la fuerza vital de todo; ella le da a la vida todas las oportunidades para acontecer y triunfar, más sin embargo no controla su proceso divino.

Esto nos lleva a reflexionar a lo que llamamos la virtud mística, y aprender a reconocer el verdadero significado de lo que es la modestia, simplemente observando con amor y sabiduría el comportamiento interno de nuestro universo, que nos orienta sin necesidad de dominarnos, porque allí es donde encontramos que el secreto está primordialmente en la ley de la tranquilidad, que otorga todo en su orden divino sin esfuerzos, porque la humildad supera el orgullo y nos conserva prudentes en medio de la majestuosa gala cósmica. La energía vital en nuestro cuerpo puede ser frágil como la lluvia o vigorosa como una cascada, pero nuestra actitud debe de estar siempre igual.

Somos la encarnación del creador, su amor somos todos que impregna los cosmos y es su presencia constante y divina que nos da el don de manifestar su amor al mundo entero.

Dejemos que el mérito sea nuestro testigo y que nos guíe a través de cada paso que tomemos en la vida, con firmeza y fe, de modo que cuando las tormentas nos sacudan, podamos estar presentes, conscientes y agradecidos de recibir la luz brillante de un nuevo amanecer.