“Somos unidad eterna”

El contraste de todo los opuestos forma esta grandiosa humanidad. No podemos decir que algo esté más bello que otro porque estamos separando, bien sea de hecho o de valor. Somos el espejo de todo, lo que nos parece feo, es el mismo espejo de lo bello.

A unos les parecerá hermoso algo, mientras, otros lo verán de una forma indiferente. Todo depende de la perspectiva y la impresión de uno mismo. El universo infinito está lleno de dualidades y todo es relativo; es solo cuando comparamos que los valores tienen un significado, como cuando hacemos una comparación entre lo largo y lo corto.

Cuando ya entendemos que no existe una separación, y que en todo, cada mitad es parte de una dualidad logramos comprender y aceptar, que no puede existir una sin la otra mitad y que la verdad está precisamente en el centro del otro.

Tomemos por ejemplo una rosa, cómo milagrosamente su tallo guía su crecimiento, cómo una selva después de un juego con su propio vigor rejuvenece, o el cambio de cada una de las majestuosas estaciones, o el atardecer nos lleva a la noche a un descanso del día, para recibir con brazos abiertos y agradecimientos un nuevo amanecer que nos llena de grandes bendiciones, y que cada día se convierte en un nuevo nacimiento de aceptar sin prejuicios, de observar y crecer, puliendo nuestro espíritu que nos guía a vivir en paz desde nuestro entorno.