Como consciencia colectiva que somos todos en esta grandiosa humanidad, hemos vivido un nuevo amanecer de una nueva era con el bendito virus Covid19. Es con el tiempo de la misma ilusión de este maravilloso viaje de vida, que toda esta experiencia tan alegórica de una transformación y de limpieza, que personalmente me da el regalo de poder estar aquí, hoy y poder compartir mi propia y profunda experiencia con muchos agradecimientos a la vida, a mi hermosa y bendecida familia, a todos los seres que de lejos y de cerca me han acompañado durante este tiempo de transición tan fuerte que me ha tocado vivir. Gracias a todos los Doctor, enfermeras, que juntos nos ofrecen todo su apoyo con tanto amor. Jamás entre mi estado de consciencia y mi inocencia, de comprender que todos somos seres de luz y amor, de sentirme tan segura y firme en la vida, me llego a cruzar por mis pensamientos que el virus Covid19 llegara a tocar mi cuerpo y que llegará en una forma tan turbulenta y severa.
Gracias a Dios, El Universo Infinito, Nuestro Padre Celestial que habita en mi, logre estar en un estado de agradecimientos por cada momento, enfocada en todas las bendiciones que siempre he recibo. Como una prueba de realmente valorar hasta esos momentos tan dolorosos, y poder sentir la divina fuente inagotable de Nuestro majestuoso y Todopoderoso; que hasta cuando sentía que me estaba asfixiando y ahogando con mis propios pulmones, lograba estar tan presente con mi espíritu para poder congelar el tiempo y ser consciente que, siempre he sido más que esta materia física. De poder dar gracias que aunque no sentía la comida porque mi lengua se sentía entumecida y morada, con un malestar que jamás en mi vida había vivido, el tema de la alimentación fue otro de mis retos durante este proceso. Agradecida por mis manos y mi dedos de poder apretar la nariz y poder alimentar mi templo, agradecida por los alimentos que con tanto amor me habían preparado, masticando con la boca abierta y respirando al mismo tiempo por la boca; enfocandome en el árbol que me acompañaba afuera de mi ventana, me transportaba con los pájaros, el halcón, y los pavos como si yo fuera parte de sus mágicos hábitats, y así no tener que estar concentrada en que no podía respirar, pero sí consciente de querer encontrar la forma de alimentarme. Encontrarme en el hospital, acostada y en medio de los tratamientos, se me salian las lagrimas y me sentía agradecida por ser parte de toda esta existencia que somos todos; me colocaba en los zapatos de los que vivieron lo que viví y lograron salir adelante como yo, pensaba en los que estuvieron en este punto tan bajo, y que la vida, Nuestro Creador, tenía otros planes para ellos, pensaba en los que partieron y dejaron a tantos seres queridos en confusión de todo esta experiencia con el virus, sentía amor y paz en mi, sentía una profunda compasión por todos, los despedidos y los que seguimos en este maravilloso viaje de vida. En medio de tantas noches tan oscuras, sentía un dolor ajeno por toda la grandiosa humanidad porque tantos aún no comprenden el significado de todo este proceso; para mí ha representado una apreciación muy profunda por la misma vida y el planeta donde habitó, nuestra Madre Tierra. He aprendido que por más que el dolor me acompañaba en esta materia física, lograba desprenderme de todo y lograba conectar con la identidad divina en mi, la cual fue una gran bendición. Recuerden, todo esto es mi propia experiencia. Le doy gracias a la vida por haberme dado el don de despertar a tiempo y poder haber recibido a Covid19 con agradecimientos y amor, mas no con miedo o tristeza, ni ansiedad. Simplemente lo acepté abrazando cada momento con amor y compasión.
Se que todos estamos aquí en esta vida y todos cruzamos momentos de alturas, en una época u otra, de oscuridad y luz, es encontrarnos como seres humanos, conscientemente para recibir estas grandiosa lecciones que Nuestro Creador, El Yo Superior, El Universo Infinito como Nuestro Maestro nos ofrece, como oportunidades en un proceso gradual y que entre más doloroso y más fuerte, más valiente y humildes nos volvemos, ya cuando llegamos a éste punto de absoluto nada, es donde todo se convierte en el camino verdadero de la vida, el campo de energía vital de cada uno. Como mi última canción, “Corazón Despierto” lo dice “ El dolor es inevitable, El sufrimiento es opcional” Esta canción representa mucho para mi y se las comparti con mucho amor; fue grabada durante mi segunda semana de experiencia personal con Covid19.
Infinitamente agradecida por todas las oraciones y bendiciones que recibí de todos como rayos solemnes de Nuestro Creador. ¡Gracias a la Vida!
Bendiciones,
Saana
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