“Somos la fuente milagrosa”

Al comprender que somos más que esta materia física, nos lleva a reconocer que somos todo, El mismo Tao, Dios y El Universo Infinito, donde no existe un final, y somos sin límites. Podemos observar cómo el ser humano en su forma física, está capacitado de una realidad exterior y toma parte del Reino material.

Ahora, la segunda realidad como seres humanos es la racional o intelectual y es la que predomina sobre la naturaleza. Pero ya comprendiendo la realidad espiritual, la cual es la realidad eterna y constante, la conexión con nuestro espíritu y alma, en esa infinita profundidad, reconocemos que poseemos todas las maravillosas semillas de la misma Creación, con una función inagotable que lo es todo.

Es por medio de la misma ilusión del tiempo en que creemos, que todo se va desarrollando, y de una forma u otra va cambiando que hasta los logros más grandes de nuestra misma humanidad, se convierten en polvo, realmente no existe nada que permanezca más tiempo que su propio polvo.

Somos la fuente milagrosa de todo en su Orden Divino, que cuando trascendemos a la realidad divina, encontramos la realidad luminosa e infinita como los rayos del sol sumergiendo majestuosamente en las olas del mar.